Entrada escrita por mi Amo.
Este fin de semana... bueno, ya sabéis qué pasó (link).
El resumen rápido es que mi amigo y yo usamos a cé, una vez más, pero ese día yo participé, ordené y lo de siempre, pero no terminé corriéndome, estaba bastante cansado.
cé, que es muy buena sumisa, me dijo que quería hacerme una mamada solo a mí, un ratito para jugar con mi polla. Yo soy su Amo, pero, qué queréis que os diga, soy débil. Sin más acepté, me pidió que eligiese un día, y ahí se había quedado.
Esta tarde se canceló un plan que tenía, y ella me recordó que tenía muchas ganas de comer.
No sabía qué hacer, pero, de repente, aparecí en el salón (su zona de pc y entretenimiento), cogí la alfombra que usamos con mi amigo el otro día, y le dije que me iba a la ducha. Le ordené qué ponerse y cómo esperarme, el resto corría de su parte (y joder si corrió, concretamente yo).
Me duché, me sequé rápido y me fui directamente hacia el salón, desnudo, no me apetecía vestirme para desvestirme al llegar.
cé ya estaba preparada: sus medias, su camiseta negra "de jugar" y su tanga negro y juguetes varios, entre ellos, el aro de la boca.
No sé qué le pasa cuando ve una polla, pero se vuelve loca, parece que no ha comido en diez años (soy muy afortunado, tanto yo como quien yo decido que tiene la suerte de probar a mi sumisa). Es fantástica.
Después de un rato chupando, decidí atarle las manos tras la espalda, estaba 100% a mi merced, de rodillas y sin poder moverse. Las arcadas iban y venían, su saliva chorreaba por su barbilla, cuello y pecho. Yo iba limpiándola de vez en cuando, pero también ensuciándola más, la verdad. Me gusta ver cómo patalea, como se queja, como rebuzna, aunque poquito, sabe que el bofetón no se lo quita nadie, y así fue en varias ocasiones.
Después de un rato y molestándome el aro (no sabía qué podría impedirme meterla entera, la verdad) se lo quité, le follé bien la boca, le puse el culo en la boca para que me lo comiera, que lo hace increíble, y terminé corriéndome en su cara. Toda llena de mi corrida, de la leche de su amo, ese néctar que desea y odia al mismo tiempo, pero que se muere por degustar una vez más.
Le limpié, le puse el gas, le preparé la ducha y le agradecí por su trabajo:
- Buena perra, cé, estoy orgulloso de ti.
Me limpié un poco de sus babas, me vestí y ya fue a lavarse. Falta le hacía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario