Un buen rato después, seguíamos con las cartas mientras charlábamos,
mi Amo y Su amigo soltaban comentarios que a mí me hacían estar entre
excitada y avergonzada. Me pasa que, si no he bebido un poco, me da
mucha vergüenza y mucho corte exponerme y exhibirme ante Su amigo y esa
noche lo iba a pasar mal (en el buen sentido de la palabra, claro,
porque sí, tiene un buen sentido).
No sé en qué momento fue que mi Amo me ordenó literalmente sacarme las
tetas. Yo lo miré de reojo, sonriendo nerviosa, pensando que estaría de
broma, una de tantas de la noche, pero no, su rostro cambió a uno un
poco más serio, y sí, salió el Dominante que lleva dentro y que tanto
amo y adoro. Y lo hice. Obedecí y jugamos así un par de manos más a las
cartas. Pero creo que ya el ambiente había cambiado y lo último que
querían era jugar con cartas.
De repente, mi Amo empezó a mirarme de esa forma en la que sé que
vamos a empezar con algún tipo de juego, no recuerdo exactamente qué
pasó, solo sé que me señaló su paquete y me preguntó si quería. Asentí
sin dudar, nunca voy a negarme a querer estar de rodillas ante Él.
—Quítate el pintalabios.
No respondí, lo miré de nuevo con sonrisa nerviosa, ¿estaba en serio o seguíamos con la broma?
—Que te quites el pintalabios, cé.
Normalmente con Su amigo usa mi nombre o los motes, cuando usa mi
nombre de sumisa sé que la cosa va en serio, aun así, yo tengo que
asegurarme.
—¿Es una orden?
—Vamos. Ahora.
Rápidamente me levanté, fui al dormitorio y me quité el pintalabios.
Parecía que la celebración de Nochevieja iba a empezar. Volví al salón,
mi Amo me dejó allí a solas con Su amigo. Él sentado y yo de pie apoyada
en una pared. Me miraba, yo al suelo. Sonreía, yo buscaba a mi Amo
mirando hacia el pasillo.
—¿Qué pasa? ¿Estás tímida ahora?
Quería matarlo. Me intimidaba cuando nos quedábamos a solas y sé que
justamente a mi Amo le encantaba hacer eso. Saber que yo estaba nerviosa
porque me dejaba a solas con Su amigo.
Cuando apareció por fin, directamente buscó mi boca mientras con la otra
mano manoseaba mi culo. Me quitó el sujetador y sacó mis tetas de nuevo
por el escote, y entonces subió mi vestido de nuevo para exponerme ante
su amigo. La timidez volvía a invadirme.
—De rodillas. Ahora.
La polla de mi Amo tardó poco en entrar en mi boca y más poco aún en
verme aprisionada contra la pared mientras me follaba la boca. Vi
entonces que Su amigo se acercó nosotros y me cogió la mano para que lo
masturbara. Mi Amo dejó de follarme la boca para cederme a Su amigo y
éste hizo lo mismo, no tenía escapatoria, solo era un agujero que follar
hasta que se me saltaban las lagrimas o me quejaba de que me ahogaba.
Aunque poco les importaba.
Cuando mi Amo lo estimó oportuno me levantó, me bajaron el vestido,
dejándome las tetas ya completamente fuera y comenzaron a comérselas,
pellizcarlas, mordisquearlas… Tengo un par de heriditas en una de ellas.
También las azotaron. (Días antes le dije a mi Amo que tenía muchas
ganas de que me comieran las tetas a la vez y me lo consintió).
Y entonces mi Amo volvió a hacerme sentir pequeñita pero cachonda.
—¿Qué me decías estos días, cé? Dímelo ahora que está él delante.
No dije nada, obviamente. Yo estaba sobre la pared sin poder moverme mientras los masturbaba con la mano.
—¿Cómo era? ¿Qué querías que te follara? ¿Era eso?
Silencio.
—Pregúntale, venga. Pregúntale.
Y eso ya sonaba a amenaza. Sin mirarlo logré decir algo:
—¿Quieres follarme?
Su amigo asintió sonriendo. Estaban disfrutando los dos humillándome
así y el problema es que a mí más me ponía que me trataran así.
—No, no, no. Así no, dilo bien, di su nombre, como me lo dices a mí.
Muy a mí pesar lo hice.
—¿Quieres que te folle? Pues vale, te voy a follar —respondió Su amigo pronunciando cada palabra perfectamente.
Miré a mi Amo buscando ayuda, no sabía responder.
—¿A cuatro? —me dijo Él—. Sí. A cuatro.
A tirones me llevaron al dormitorio. Mi Amo ya lo había dejado todo
preparado y estaba lleno de juguetes, condones, lubricante, toallas… Me
ordenó quitarme el vestido y el tanga y me quedé completamente desnuda.
Ellos aun seguía con la ropa y me sentí pequeñita, vulnerable, pero
también sabía que mi coño estaría chorreando.
Volvieron a manosearme, a meterme mano, a insultarme… Hasta que me
ordenó que me pusiera en la cama mirando hacia el espejo. Y entonces yo
coloqué mi cara contra el colchón, estaba ya toda expuesta ante ellos y
la vergüenza me consumía, pero eso no hacía más que aumentar mi
excitación.
Escuché el sonido del condón, del lubricante y entonces sentí las
manos de mi Amo abriéndome bien para Su amigo, exponiéndome para Su
amigo y viendo en primera persona como Su amigo se follaba a Su bien más
preciado, a Su juguete, Su posesión, Su puta.
Una vez más estaba siendo follada por Su amigo y era una sensación
muy extraña y rara, porque no eres como consciente de la realidad, solo
sientes una polla que entra y sale, unas manos que te sujetan por el
culo, pero sabes perfectamente que no es Él porque de repente lo tienes
delante, te coge del pelo y te la mete de golpe en la boca.
—Esto es lo que deseabas, ¿verdad, puta? Pues disfruta.
Y ahí estaba yo intentando concentrarme en chupar mientras me
follaban. Intentar mezclar placeres, intentar no dejar una por otra…
Pero era complicado, al final yo solo era un objeto en una cama con dos
agujeros siendo usados y dejándome hacer y se me daba bastante bien,
tenía que reconocerlo. Ser un juguete en las manos de ambos se me daba
realmente bien.
—Tengo ganas de comerte el coño —escuché decir a Su amigo.
—Entonces ya tenemos plan para otro día, ¿verdad, cé?
Mi Amo en una de esas se apartó de delante de mí, se colocó a mi lado y me levantó al cabeza para mirar hacia el espejo.
—¿Te gusta lo que ves? ¿Te gusta tu cara de puta que está disfrutando mucho? Mira, no soy yo quien te folla. Es mi amigo.
Ver mi cara en ese espejo mientras gemía, mientras me movía, mientras
mis tetas se balanceaban, con mi pelo alborotado por toda la cara,
viendo a Su amigo detrás, viendo a mi Amo a mi lado… Era todo muy
surrealista, pero tan intenso y brutal, que no quería que acabara.
No sé cuánto tiempo pasó que Su amigo se corrió mientras me follaba,
volví a sentirme orgullosa por conseguirlo. Siempre que Su amigo se
corría gracias a mí, era una medallita que me colgaba porque sabía que
el trabajo estaba bien hecho y que mi Amo se sentiría también orgulloso
de ti.
—Venga, te toca a ti follártela ahora.
Mi Amo se colocó detrás de mí y continuó usando mi agujero ya usado
por Su amigo. El cual aun habiéndose corrido ya, vino a mí y me hizo
limpiarle la polla con la lengua porque mi Amo se lo indicó. Me encantó
hacerlo. Limpiar pollas sucias ya sea después de hacer pis o de correrse
es mi obligación.
Luego mi Amo me permitió correrme con sus dedos tras follarme un
poco, pero no demasiado porque me prometió que una vez Su amigo se fuera
más tarde, tendríamos una segunda ronda nosotros.
Continuará...